Actualmente los catalanes estamos cada
vez más convencidos que Catalunya y nuestra cultura está mal vista en
España, y por tanto, tememos que con un gobierno como el Partido Popular que se guía por la improvisación y las cortinas de humo para tapar su corrupción interna sobre “barcenas” o “gurtesls”, a medio y largo plazo intenten acabar con nuestro idioma.
Esta es la clave de la actual situación y razones no nos faltan para pensar que nuestro idioma podría estar en peligro.
El sentimiento actual de los catalanes es que en España “ni se nos
quiere ni se nos comprende”, una situación por la que culpamos, en parte
al PP por su “catalanofobia”.
"El encaje Catalunya-España tiene diferentes ángulos: uno legal, otro
económico y uno de político. El político es mucho más difuso, pero muy
importante. Los catalanes tenemos la sensación de que ni nos quieren ni
nos comprenden. Y eso es muy fuerte. Esto es el resultado de la campaña
del PP contra el Estatut; la catalanofobia, que existe.
Hay un sentimiento anti-catalán en España atizado por un partido que en
Catalunya no quiere hablar, pero que fuera no para. Yo sí que quiero
hablar".
No sólo el Estado
español se ha construido en muchos aspectos contra la realidad nacional
catalana, vista como una anomalía inhóspita, sino que también el
anti-catalanismo forma parte de la cultura política española, como la
elección del presidente del Tribunal Constitucional acababa de poner en
evidencia. Si el Estado español hubiese ido a favor de Catalunya, la
realidad del soberanismo sería hoy muy distinta.
De este modo, se hizo patente una percepción ampliamente compartida en
la sociedad catalana de nuestros días, que nos lleva no sólo a lo que
está ocurriendo dentro de ella en los últimos años, tal como pone de
relieve el auge del independentismo, sino también al rechazo frontal de
la reivindicación soberanista de muchos catalanes y al inusual revuelo
en los medios de comunicación provocado por un congreso que (antes de su
comienzo) se sospechaba al servicio del independentismo. Los titulares
eran suficientemente ilustrativos: Los de Madrid decían lo siguiente:
“CiU se queda sola en su defensa del simposio ‘España contra Cataluña’” (El País)
, “Mentiras del nacionalismo catalán. Convergencia distribuye un
panfleto lleno de falsedades sobre una idílica Cataluña independiente” (ABC),
“‘Los imperialistas españoles quieren liquidar a Cataluña’. El portavoz
de la Generalitat exacerba la confrontación del simposio del ‘odio’” (La Razón).
En 1993
el locutor de radio COPE, Federico Jiménez Losantos, empezó a meter
leña en el fuego diciendo que a las familias de emigrantes que querían
escolarizar a sus hijos en Catalunya, les “arrancaban de su cuna
lingüística” y les sometían a una situación esquizofrénica. En esa época
en Catalunya no había absolutamente ningún problema, el bilingüismo se
veía como una cosa tan natural como irse a Andalucía y encontrarse el
dialecto andaluz o irse a Galicia y que se bailasen muiñeiras.
En el año 1994 el diario ABC siguió con el mismo tema difundiendo mentiras tipo “empieza a haber jóvenes con estudios medios que no saben hablar castellano“.
Estos comentarios molestaban bastante a los catalanes, ya que todo era
completamente falso, pero también se lo tomaban como algo anecdótico
proveniente de algún columnista de la época franquista sin darle
demasiada importancia.
En 1996,
el PP ganó las elecciones y en la noche electoral de su triunfo, en la
retransmisión en directo de TVE del recién presidente José María Aznar,
se escucharon voces coreando “Pujol enano, habla en castellano”.
Pero José María Aznar no podía gobernar España de manera estable sin el
apoyo del partido catalán de CiU, así que pidió disculpas y no sólo
eso, fue a TV3 y dijo que le gustaba el idioma catalán e incluso dijo
que “hablaba catalán en círculos reducidos“.
En el año 2000 Aznar ganó con mayoría absoluta las elecciones, ya no necesitaba a CiU pero se siguieron portando bien con los catalanes, sin insultos, ni tropelías.
Pero al no necesitar a los catalanes para gobernar, los medios
informativos de la órbita del PP (El Mundo, La Razón, ABC, COPE, Tele
Madrid, Canal 9, etc) empezaron poco a poco a dar caña contra los
catalanes, en plan “Catalunya chantajea a España” y el tono fue
creciendo desde el año 2000 hasta el 2002.
El 20 de enero del 2003
(faltaba un año para las siguientes elecciones generales), Aznar se va
de la cabeza y suelta un torpedo directo contra Cataluña diciendo que los “guetos culturales” e identitarios no tienen cabida en el proyecto de España,
refiriéndose claramente a los catalanes y vascos. Y a nadie le gusta
que a su cultura e idioma sean tachados de “gueto cultural”.
Los catalanes en general estábamos cada vez más indignados, queríamos
ser catalanes y españoles a la vez, pero sentíamos que desde el resto de
España se pretendía aniquilar nuestro idioma y se ninguneaba nuestra
cultura, como si ser catalán y español fuesen cosas contradictorias.
Pero entonces apareció en escena el PSOE, que en teoría parecía “entender” a los catalanes y cuando el 13 de noviembre del 2003 Zapatero dijo que “Apoyaré la reforma del Estatuto de Cataluña que apruebe el parlament de Cataluña“.
Año
2004, empieza un “boicot contra los productos catalanes” especialmente
contra el “cava catalán”, unos dicen que fue porque los catalanes hacían
el boicot a los productos españoles (cosa que no pasaba y quién lo ha
intentado ha fracasado porque los catalanes pasan de este tipo de
conflictos) y otros dicen que fue porque Carod Rovira se alegró de que
no diesen las olimpiadas a Madrid pero ¿que tiene que ver que una sola
persona diga una burrada con el boicot a todo un territorio?.
En septiembre de 2005 el Parlament aprobó
una reforma del Estatuto catalán de autonomía que avanzaba en el
reconocimiento de la identidad nacional catalana, delimitaba las
competencias del Estado y de la Generalitat, se atribuía nuevos
derechos, sobre todo en los terrenos fiscal, administrativo y judicial, y
establecía el deber de conocer el catalán. Poco después, con
importantes modificaciones sobre el texto original, el Congreso de los
diputados y el Senado del Estado español aprobaron la reforma y esta
recibió, en junio de 2006, el refrendo popular en Catalunya. Publicada
oficialmente como ley orgánica, la presentación de varios recursos llevó
a la intervención del Tribunal Constitucional, que admitió la
impugnación del Partido Popular y a principios de julio de 2010 hizo
pública la sentencia con anulación total de un artículo de la reforma
estatutaria y parcial de otros trece.
Poco más de medio año antes de que esto ocurriera, en noviembre de
2009, doce diarios con sede en Catalunya publicaron, en catalán o en
castellano, un editorial escrito conjuntamente titulado “La dignidad de
Catalunya”, que tuvo gran repercusión dentro y fuera de España. En él
destacaban que era la primera vez, desde la restauración democrática de
1977, que el Alto Tribunal se pronunciaba sobre una ley fundamental
refrendada por los electores y que esa situación inédita era de por sí
motivo de preocupación por dos motivos. En primer lugar, porque el
Tribunal Constitucional se convertía de hecho en una cuarta cámara (por
encima del Parlament de Catalunya, de las Cortes
Generales y de la voluntad ciudadana expresada en las urnas), pero
además porque lo hacía muy debilitado, dada la falta de acuerdo entre el
gobierno socialista de Rodríguez Zapatero y la oposición del PP que
había impedido la renovación de varios jueces cuyo mandato hacía tiempo
que expiró. En segundo lugar, porque el dilema real en estos momentos,
proseguía el editorial conjunto de los diarios catalanes, era “avance o
retroceso” en el Estado de las autonomías. Estaba en juego la propia
dinámica constitucional, “el espíritu de 1977, que hizo posible la
pacífica transición”. La decisión iba a repercutir en el marco de
convivencia español, producto de unos pactos que “han hecho posible los
treinta años más virtuosos de la historia de España”. Hay preocupación
en Catalunya y también algo más: “un creciente hartazgo por tener que
soportar la mirada arcaica de quienes siguen percibiendo la identidad
catalana (instituciones, estructura económica, idioma y tradición
cultural) como el defecto de fabricación que impide a España alcanzar
una soñada e imposible uniformidad”. Por ello conviene que se sepa que
estos días “los catalanes pensamos, ante todo, con nuestra dignidad”.
El editorial de los doce diarios catalanes en defensa de la reforma del Estatut
recibió el apoyo del presidente de la Generalitat de Catalunya
(entonces el socialista José Montilla), de la mayoría de los partidos
políticos catalanes, de los sindicatos y, en total, de más de dos
centenares de asociaciones y entidades de Catalunya de muy distinto
carácter. Por el contrario, los diarios madrileños, en especial El Mundo, La Razón y ABC,
entendieron que se trataba de una presión intolerable sobre los jueces
del Tribunal Constitucional y respondieron con una defensa de la
Constitución en la que no tenía cabida ninguna nación que no fuera la
española, ni tampoco los “privilegios” que pretendían obtener los
catalanes. De paso, aprovecharon para atacar una vez más al gobierno de
Rodríguez Zapatero y del PSOE, por su irresponsable decisión de aprobar
lo que viniera de Catalunya, y al gobierno de José Montilla y su
política lingüística, que “ha erradicado el castellano de las aulas y
hasta de los patios de escuela”, según el diario El Mundo.
Siete meses más tarde, el fallo del Tribunal Constitucional (adelantado
el 28 de junio y hecho público el 9 de julio) no sólo anuló un artículo
y trece de manera parcial, sino que también interpretó otros impugnados
por el PP que se consideraron constitucionales y sentenció algo que
produjo un gran malestar en Catalunya: “Carecen de eficacia jurídica
interpretativa las referencias del Preámbulo del Estatuto de Catalunya a
‘Catalunya como nación’ y a ‘la realidad nacional de Catalunya’”. El
Alto Tribunal expresamente decía que “la Constitución no conoce otra que
la nación española”.
Más tarde, el 10 de julio, vino la manifestación más multitudinaria en
Barcelona de todo el periodo democrático (así al menos informaron muchos
medios de comunicación y entre ellos El País), el
triunfo electoral de CiU el 28 de noviembre, la investidura de Artur Mas
el 23 de diciembre de 2011 como presidente de la Generalitat y la Diada
independentista del 11 de septiembre de 2012. Tras el fracaso de la
reunión entre Mariano Rajoy y Artur Mas para lograr un pacto fiscal, la
convocatoria de nuevas elecciones al Parlament tuvo el
25 de noviembre de 2012 resultados muy negativos para CiU, que perdió
la mayoría absoluta, y favorables por el contrario a Esquerra
Republicana de Catalunya, que se convirtió en la segunda fuerza
política, por delante del PSC. El pacto de CiU y ERC a favor del
“derecho a decidir” trajo el 23 de enero de 2013 la “declaración
soberanista” del Parlamento catalán, que declaró Catalunya “sujeto
político y jurídico soberano” (recurrido por el gobierno español y
anulado por el Tribunal Constitucional), la creación por parte de la
Generalitat del Consejo Asesor para la Transición Nacional y la
exhibición de fuerza del independentismo con el apoyo masivo a la cadena
humana en la Diada del 11 de noviembre de 2013.
El 2 de abril de 2012, Montoro presenta los presupuestos del Estado y no incluye el pago a Cataluña de la deuda pendiente.
Los catalanes, acostumbrados a las formas diplomáticas y no tan
groseras, este asunto nos sentó fatal, la forma chulesca en que lo dijo
Montoro era inaceptable.
No contentos con ello, el 10 de ocubre de 2012, el Ministro de Educación Ignacio Wert, del Partido Popular, dijo que su objetivo era “españolizar a los catalanes“,
mientras tanto la ex-alcalde Esperanza Aguirre, apoyando a Wert,
diciendo que “que los niños aprendan historia, la historia verdadera, no
las historias que inventan los nacionalistas, una gran nación que es
España, 3.000 años de historia, eso es lo que deben saber los niños”.
9 junio 2013:
Al idioma catalán que se habla en Aragón, le cambian el nombre por
“idioma Lapao” y lo dejan desprotegido a nivel educativo para no
fomentar su aprendizaje.
11 de septiembre 2013:
Los catalanes celebramos nuestra “diada del 11 de septiembre” haciendo
una manifestación con más de un millón de personas y una cadena humana
de 400 Km que recorre Catalunya de punta a punta, desde el PP se mira
para otro lado, se le quita importancia y repite que no habrá
referendum.
29 noviembre 2013:
Cierre total de Canal 9, la única cadena televisiva y radiofónica en
España que emitía en valenciano-catalán (aparte de las cadenas catalanas
de TV3).
12 diciembre 2013:
Los catalanes anuncian la fecha en que se hará el referéndum sobre la
independencia y sale Rajoy diciendo que “hay que hacer puentes de
diálogo” y acto seguido dice: “no pienso negociar nada”, y a
continuación suelta “Catalunya tiene que negociar con España y sus
dirigentes no quieren” y acto seguido vuelve a decir: “pero no negociaré
con los catalanes” y que no aceptará su “chantaje” ¿chantaje? ¿desde
cuando pedir hacer un referéndum y votar democráticamente es un
“chantaje”?. La diplomacia y el intento de arreglar las cosas, brilla
por su ausencia.
Y
para terminar, pienso que si según los portavoces del Partido Popular
hay una minoría de catalanes que quieren la independencia de Catalunya y
que no se escucha la voz de la mayoría silenciosa (cita constantemente
Alicia Sánchez Camacho), ¿por qué no nos dejan hacer un referendum?
Será, quizás, que ¿tienen miedo? ¿Será por lo del 18% del PIB Español?.
Desde Madrid no paran de nombrar la palabra democrácia, pero, entonces,
¿por qué impiden ejercerla de la forma más directa que es nuestro voto
en las urnas?