Es conocida de muchos la historia de Narciso, personaje
mitológico, hijo del río Cefiso y de la ninfa Liriop, el cual se
enamoró de su propia imagen mirándose en las aguas de una fuente.
Muchos hombres políticos ilusos se enamoran de sus propias
figuras físicas y no solo de ellas, sino de sus cualidades morales
también, así llegan a creerse los imprescindibles e insustituibles
en la sociedad, dotados por la naturaleza de grandes virtudes, y, por
lo tanto, salvadores del país, del mundo y de la humanidad.
Para estos adoradores de su propia persona no existen otras
personas, más estudiadas que ellos, nadie es más inteligente,
listo, capaz, ocurrente, solo ellos nacieron con esas virtudes del
espíritu humano.
Son egoístas, egocéntricos y ególatras, palabras que provienen
del latín ego, que significa yo, porque esta clase de personas sólo
piensan en yo, yo, yo, y nadie más que yo. La filosofía define a
este tipo de gente como solipsistas, palabra que en latín significa
solo yo y yo mismo, porque los narcisistas creen que sólo son ellos
mismos y nadie más es.
Los narcisistas, en su relación con los demás, lo que buscan es
aprovecharse de ellos, como instrumentos para el logro de sus
objetivos individuales. Para ello no reparan en utilizar cualquier
medio, desde la seducción hasta la intimidación, pasando por el uso
sistemático de la mentira, el fraude y la compra pura y simple de
voluntades políticas.
Manipulan, engañan, mienten, atropellan, se apropian
indebidamente de lo ajeno o de lo público, de una manera natural,
con total distanciamiento, y con la casi íntima convicción de que
todo lo que hacen, en cuanto les beneficia, es correcto, y está bien
hecho. Es una tendencia típica de la mentalidad propia del
delincuente. Esto me gusta, esto me interesa, sirve a mis objetivos o
me impide alcanzarlo, entonces, lo tomo, lo adquiero, lo elimino.
Hay una absoluta separación entre el interés individual y
cualquier norma de comportamiento privada o pública. Entre ética,
moral y política. Es la idolatría del éxito como fin absoluto. La
mala conciencia no existe en ellos, ya que el logro de sus fines
económicos, políticos y sociales, lo justifica todo y todo lo hace
bueno. Ganar es lo que importa, perder es el único mal. Es la
relación directa entre política y delito, entre política y
criminología.
En situaciones de ejercicio del poder, los narcisistas, suelen ser
personajes muy nocivos para los gobernados por su papel de
depredadores sociales y políticos.
La persona narcisista nunca
reconoce su error sino que siempre lo refiere a otro: “los demás
son los responsables de mis desgracias”, es el mensaje que
transmite. Así, si está enfermo, es por culpa de los médicos que
no saben curarle; si la familia no funciona bien, es porque la pareja
no colabora. En política esto se traduce en lo siguiente: “los
otros siempre son los responsables de las desdichas”. Un ejemplo
claro lo tenemos con la actual crisis económica: cuando estaba en la
oposición, el Partido Popular afirmaba que el culpable de la crisis
era el Gobierno de Zapatero, mientras que para el PSOE el origen de
la crisis estaba en EE.UU. Ahora los papeles han cambiado: el PSOE le
echa la culpa al Partido Popular de los recortes en educación y
sanidad. Por su parte, el Gobierno de Rajoy dice que estas medidas se
las imponen desde la Unión Europea. ¡Siempre echando balones
fuera!.
El político narcisista parte del
convencimiento de que es el mejor del mundo y por lo tanto todo debe
estar a su servicio. Carece de un mínimo de autocrítica poniéndose
una “venda para no ver” las deficiencias y potenciando los
pequeños éxitos. Se siente “el ombligo el mundo” y por lo tanto
todos deben de estar a su servicio. Es tan autosuficiente que es
incapaz de comprender el sufrimiento de los demás.
Cuando se habla de que estas
actitudes narcisistas, ser independentista, hoy en España, es para
no dejarse pisar, en defensa propia, pero no tiene nada que ver, o no
lo debería tener para mí, con ser nacionalista, narcisista o
chovinista. Y reflexiono todo esto porque, claro, eso que yo he
percibido a veces, seguro que todavía ha molestado más y alejado a
gente no independentista, creando un estereotipo negativo.
¿Qué tiene de malo que cada
uno sea él mismo? ¿Quién puede querer impedirlo imponiéndose por
encima de otro?
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