Estelada

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sábado, 18 de octubre de 2014

El Narcisismo Político

Es conocida de muchos la historia de Narciso, personaje mitológico, hijo del río Cefiso y de la ninfa Liriop, el cual se enamoró de su propia imagen mirándose en las aguas de una fuente.

Muchos hombres políticos ilusos se enamoran de sus propias figuras físicas y no solo de ellas, sino de sus cualidades morales también, así llegan a creerse los imprescindibles e insustituibles en la sociedad, dotados por la naturaleza de grandes virtudes, y, por lo tanto, salvadores del país, del mundo y de la humanidad.

Para estos adoradores de su propia persona no existen otras personas, más estudiadas que ellos, nadie es más inteligente, listo, capaz, ocurrente, solo ellos nacieron con esas virtudes del espíritu humano.
Son egoístas, egocéntricos y ególatras, palabras que provienen del latín ego, que significa yo, porque esta clase de personas sólo piensan en yo, yo, yo, y nadie más que yo. La filosofía define a este tipo de gente como solipsistas, palabra que en latín significa solo yo y yo mismo, porque los narcisistas creen que sólo son ellos mismos y nadie más es.

Los narcisistas, en su relación con los demás, lo que buscan es aprovecharse de ellos, como instrumentos para el logro de sus objetivos individuales. Para ello no reparan en utilizar cualquier medio, desde la seducción hasta la intimidación, pasando por el uso sistemático de la mentira, el fraude y la compra pura y simple de voluntades políticas. 

Manipulan, engañan, mienten, atropellan, se apropian indebidamente de lo ajeno o de lo público, de una manera natural, con total distanciamiento, y con la casi íntima convicción de que todo lo que hacen, en cuanto les beneficia, es correcto, y está bien hecho. Es una tendencia típica de la mentalidad propia del delincuente. Esto me gusta, esto me interesa, sirve a mis objetivos o me impide alcanzarlo, entonces, lo tomo, lo adquiero, lo elimino. 

Hay una absoluta separación entre el interés individual y cualquier norma de comportamiento privada o pública. Entre ética, moral y política. Es la idolatría del éxito como fin absoluto. La mala conciencia no existe en ellos, ya que el logro de sus fines económicos, políticos y sociales, lo justifica todo y todo lo hace bueno. Ganar es lo que importa, perder es el único mal. Es la relación directa entre política y delito, entre política y criminología. 

En situaciones de ejercicio del poder, los narcisistas, suelen ser personajes muy nocivos para los gobernados por su papel de depredadores sociales y políticos. 

La persona narcisista nunca reconoce su error sino que siempre lo refiere a otro: “los demás son los responsables de mis desgracias”, es el mensaje que transmite. Así, si está enfermo, es por culpa de los médicos que no saben curarle; si la familia no funciona bien, es porque la pareja no colabora. En política esto se traduce en lo siguiente: “los otros siempre son los responsables de las desdichas”. Un ejemplo claro lo tenemos con la actual crisis económica: cuando estaba en la oposición, el Partido Popular afirmaba que el culpable de la crisis era el Gobierno de Zapatero, mientras que para el PSOE el origen de la crisis estaba en EE.UU. Ahora los papeles han cambiado: el PSOE le echa la culpa al Partido Popular de los recortes en educación y sanidad. Por su parte, el Gobierno de Rajoy dice que estas medidas se las imponen desde la Unión Europea. ¡Siempre echando balones fuera!.

El político narcisista parte del convencimiento de que es el mejor del mundo y por lo tanto todo debe estar a su servicio. Carece de un mínimo de autocrítica poniéndose una “venda para no ver” las deficiencias y potenciando los pequeños éxitos. Se siente “el ombligo el mundo” y por lo tanto todos deben de estar a su servicio. Es tan autosuficiente que es incapaz de comprender el sufrimiento de los demás. 

Cuando se habla de que estas actitudes narcisistas, ser independentista, hoy en España, es para no dejarse pisar, en defensa propia, pero no tiene nada que ver, o no lo debería tener para mí, con ser nacionalista, narcisista o chovinista. Y reflexiono todo esto porque, claro, eso que yo he percibido a veces, seguro que todavía ha molestado más y alejado a gente no independentista, creando un estereotipo negativo. 
 
¿Qué tiene de malo que cada uno sea él mismo? ¿Quién puede querer impedirlo imponiéndose por encima de otro?



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